lunes, 5 de mayo de 2008

1984: El Comienzo.

Laura gobernó mi vida y la de la familia este y los próximos años hasta que fue dueña de una independencia que sólo era necesario custodiar en la parte del camino que le restaba para llegar hasta la adultez. Y como sucede en las pequeñas naciones -familias-, los antiguos líderes, comenzaron a retirarse. Mi madre lo hizo este año, a los 62. Mi padre -lo sabría mucho tiempo después cuando lo vi por primera vez-, hacia lo mismo por entonces, pero en Estados Unidos.

En enero, Julia Yip -editora-, su asistente Elaine Santos -madre de Laura- y yo, terminamos Crónica de la dignidad. Documental armado con testimonios de cubanos heridos el año anterior en Granada, sus imágenes y sonidos eran parte del seguimiento que di a la noticia tras mi encuentro con Tortoló. Asumí su respuesta como opinión personal (valiente pues no escondía su incapacidad personal para inmolarse -lo cual debió haber dicho antes de aceptar la misión-). El gobierno cubano nunca divulgó los “hechos de Granada” como derrota. Lo cual era lógico dado la enorme asimetría entre las fuerzas de Estados Unidos y Cuba que allí se enfrentaron. No era necesario ser estratega militar para anticipar el resultado. Por ello, consideré que lo interesante era saber cómo fue y reconstruir los hechos con testimonios directos de participantes en el combate dejándolos contar como se sintieron en medio de la situación y como veían el resultado de aquel encuentro con el enemigo secular. Idóneos para esto, eran los heridos ingresados en el hospital clínico quirúrgico de Centro Habana, bautizado Hermanos Ameijeiras 13 meses antes cuando se inauguró. A Santiago Álvarez también le gustó la idea y sumó su nombre como co-autor de la obra. Hoy no recuerdo nada de lo que me dijeron aquellos hombres y mujeres. Mi memoria sólo guarda de ellos la mezcla de dolor, incomprensión e incertidumbre que les invadió en medio de aquel conflicto. El patriotismo ha sido siempre un sentimiento extraño para mi, casi ajeno -¡no lo rechazo en otros!-, pero nunca a alcanzado a seducirme lo suficiente como para que lo ame incondicionalmente. Cuestión de carácter. Y para formar el de Laura y por economía, ella comenzó a asistir al Círculo Infantil Amiguitos de Polonia -el más cercano a casa-, apenas cumplió 8 meses. Allí, su madre y yo más tarde nos enteramos -por Gertrudiz, excelente maestra-, que también cuidaban y educaban a los trillizos de Fidelito -el hijo casado con una rusa de Fidel-, y otro nieto de Castro, pero de Alejandro. "...el fin de semana abuelito nos montó en su espalda y jugamos a los caballitos con él ...", contaban las pequeñas criaturas para asombro de sus veladoras que nos trasmitían anécdotas del trabajo diario. La convivencia de nuestra hija con descendientes de quienes representaban el poder en La Isla, nos parecía natural y alimentaba la autoestima familiar, aunque yo sabía que esos vínculos eran circunstanciales y se derivaban de vivir en Avenida 26, muy cerca de donde tenían residencia oficial Raúl y Vilma, algunos de cuyos hijos también asistieron al mismo círculo.


En febrero realicé uno de los noticieros que más gustaron al espectador este año. La "noticia" más atractiva de las 4 que trataba, me la dio Fernando Pérez conversando. Y le pregunté si haría algo con ella: "No sé, pero si quieres hazla tú" El Noticiero 1171 -conocido como El Síndrome de la Jirafa-, comienza con el Acto central por el Día del Libro Cubano en conmemoración de la creación de la Imprenta Nacional de Cuba, que clausuró el viceministro primero de cultura, Rafael Almeida recordando que habían pasado 25 años desde que "se nacionalizaron las imprentas y se inició la publicación masiva y a bajo precio de libros que anteriormente la población nunca pudo tener en sus manos..." Tras esta información de pre-crédito, aparecía un primer plano de parte del cuello y la cabeza de una jirafa musicalizado con son de la orquesta Aragón:

Sube un poquito más,
no me digas que no puedes,
que si no sabes más
es solo porque no quieres.

Uno viene desde abajo,
va tratando de subir,
solamente con trabajo
es que se puede vivir...

Y tras una nota breve sobre la Era Mesozoica -115 millones de años atrás-, los animales que habitaban la tierra entonces -entre ellos los desaparecidos dinosauros-, reproducidos en el Valle de la Prehistoria en la zona de Mayajabo, Baconao en Santiago de Cuba, y breve explicación de cómo se había desarrollado el sistema nervioso de los seres humanos y el papel que en ello jugó la palabra, comenzaba una secuencia de entrevistas a la población sobre la presencia de jirafas en el zoológico de 26.
De las muchas que hice, seleccioné 17, de las cuales en 14 - a personas de edades y/o genero diferentes- afirmaban que había o hubo ese tipo de animal allí, incluso recordaban la cantidad, 4, 5 , una pareja, etc. Solo 3 lo negaron. Supongo que los espectadores se rieron mucho al comprobar que se puede recordar que hay o hubo "algo" en un lugar donde nunca lo había habido. Las leyes de la memoria que provocan el Síndrome de la Jirafa, ilustrados sus síntomas por la actitud y convicción gestual conque casi todos los visitantes que acudían a aquel lugar de 26 afirman que "¡sí, que aquí hay jirafas!", las explicaba Pablo Ramos Rivero -psicólogo especialista en Programación Cinematográfica-. Tal desarreglo de la memoria humana se produce gracias a la gran cantidad de veces que hemos visto jirafas en el cine y los cómics -Tarzán-, en libros y/o en cualquiera de los medios que nos alimentan de recuerdos con la información. Y aunque Ramos tranquilizaba al espectador diciendo que no era necesario acudir al psiquiatra al ser víctima de un episodio patológico del tipo "jirafa", la advertencia de que esté podría llegar a convertirse en epidemia colectiva no solo "imaginando jirafas", sino en otros muchos sentidos, quedaba implícita.

Y después del psicólogo y para que no dejar duda alguna, el Doctor Abelardo Moreno, miembro del grupo fundador del viejo Zoológico habanero y Director del Proyecto del Nuevo Zoológico Nacional inaugurado 3 años antes en las inmediaciones de Calabazar próximo al Parque Lenin, confirma que nunca hubo jirafas en el de 26, aunque se construyó una caseta alta para ellas pues a principios de 1960 hicieron convenio con una firma norteamericana vendedora de animales y compraron una pareja en Mombasa, Kenia. "Hicimos un viaje a Washington, depositamos en un banco de Miami los 10,000 dólares que costaban y todo parecía que estaba resuelto, pero empezaron las dificultades..." Nunca llegaron a traerlas. "Ahora -1984- si hemos adquirido 3 jirafas de la especie reticulada, que es la más grande de todas al extremo que el macho adulto puede tener una altura de 18 pies con el cuello erecto..."

Las actualidades de la semana finalizaban con las jirafas nuevas comiendo de la abundante hierva que le servían y entrando en sus jaulas, acompañadas por la voz de Silvio Rodríguez cantando:

... Imaginada
y así aprendo la lección
de que tengo poco o nada
yo de imaginación ...

Las 4 noticias las "enlacé" mediante fragmentos de comedias silentes de Buster Keaton que ejemplificaban como fue la vida en la prehistoria: conflicto de dos cavernícolas por una mujer, la lucha para obtener alimentos, el desarrollo de la tecnología y la desigualdad entre sexos.

En abril visitó Cuba una cantante norteamericana de apellido Near (cercano). Su nombre repetido dos veces. Holly, Holly, dio título al documental que hice sobre ella valiéndome del concierto que ofreció en Casa de las Américas, una entrevista donde cuenta su evolución como ser humano a través de algunas experiencias que habían influido en su manera de ver el mundo y que justificaban la orientación política de sus canciones, interpretadas magistralmente por su voz extraordinaria. Hice esta obra movido por el entusiasmo que me trasmitió Jesús Díaz al hablarme de las cualidades artísticas de Holly, a quien me presentó, cuativándome de inmediato su sonrisa dulce e ingenua de campesina norteamericana.


Los 26 minutos de Holly, Holly quedaron con factura profesional impecable gracias al trabajo del fotógrafo -Raúl Pérez Ureta- y el sonidista -Gerónimo Labrada, las luces de José Albelo y la foto animación (muchas nos la proporcionó ella) de Pepín Rodríguez, que Eusebio Ortiz complementó con efectos ópticos. Jesús Díaz de la Cerda -productor-, hizo buen trabajo de coordinación y todo fluyó sin problemas hasta el cuarto de edición donde Julia Yip dio, una vez más, muestra de experiencia y sensibilidad para el montaje y la edición.




Aunque yo no era parte de ninguno de los "grupos de creación" en que se habían organizado los directores como parte de la descentralización que propició Julio García Espinosa al asumir la conducción del ICAIC, y aún siendo Holly, Holly obra que emprendí bajo aprobación de Santiago Álvarez -todo lo hice en y desde el Noticiero-, el "visto bueno" debía ser dado por alguno de los "cabeza de grupo", Tomás Gutiérrez Alea, Humberto Solás o Manolito Pérez. Opté por el primero y me sentía muy contento minutos antes de que él llegara a ver "mi película". Pero su lacónico, apático y casi indiferente comentario tras la prevista -"Bueno, sí, está bien..."-, desinfló totalmente mi autoestima y la que yo sentía por él. Quizá aquel no era uno de sus mejores días o le había pasado algo que le hacia comportarse así. Aunque después pensé sobre cómo afectaba a los cimarrones como yo, Luis Felipe Bernaza, o a los pocos realizadores que no había elegido gurús que apoyaran sus proyectos, los perfiles ideológicos y las afinidades electivas sobre las que se había creado los "grupos de creación", que siempre percibí como “holdings” de intereses. Ser "freelancer" dentro de estructura institucionalizada, es algo muy difícil. Pero era y es mi elección. Y debía y asumo sus ventajas y dificultades.


En mi próximo documental de este año, la suerte de mi carrera artística comenzó a cambiar. La Semilla Escondida encantó a todos desde que presenté la idea a Jorge Fraga hasta la sesión cuando lo visionaron los artístas en uno de los viernes de análisis en la salita del 5to. piso. La obra cuenta la historia de un maestro de matemáticas de primaria que se vale de la música para estimular el aprendizaje de ellas entre el peor grupo de sus alumnos, a los cuales convierte -tras preguntarles lo que les gustaría hacer- en conjunto musical. Conocí al pedagogo en el estudio de la EGREM (Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales) en el primer trimestre de este año, mientras le filmaba para hacer una nota para el noticiero. El Grupo Ismaelillos -sus niños traviesos, ninguno llegaba a 13 años-, habían adquirido ya cierta fama en festivales y eventos culturales nacionales. Los 3 minutos que duraba "la nota", dejaban al espectador con muchas ganas de saber más sobre el milagro logrado por el maestro cienfueguero. Y yo intuí en los cuentos y anécdotas que me hizo sobre los conflictos que enfrento para desarrollar su idea (los personales -esposa y parientes-, los profesionales -con padres de esos alumnos-, y sociales -con las autoridades locales-), que en todo ello había una historia muy potente no sólo para un documental, sino hacerla crecer hasta alcanzar la película de ficción que todos los documentalistas de mi generación estábamos buscando hacer.


Los 21 minutos de La Semilla Escondida narran, a través de lo ocurrido a Gonzalo Bermúdez con cada uno de los 10 niños (9 anécdotas pues 2 de ellos son jimaguas), cómo nacieron Los Ismaelillos -nombre escogido por ser el del único hijo conocido de la personalidad histórica más relevante de Cuba, José Martí-. El documental pasea por pasiones, emociones, sus fuentes y conflctos y la manera en que la individualidad se enfrenta a las circunstancias materiales y espirituales que le rodean para modificarlas a favor del mejoramiento humano y/o perpetuar un modo de vida. Cada niño ejemplifica un perfil psicologico y/o social: Humbertico -el retraído de padres profesionales con buena situación económica-; Duilio- el intranquilo, maldito y frustrado, de procedencia popular-; Humberto Miguel -el indisciplinado deportista, negro, de familia favorecida por planes sociales-; Julito -el talentoso que llega a 4to. grado sin saber leer ni escribir, arropado por madre soltera apetitoza y abuela vigilante-; Jorge -el inteligente que quiere vivir de la suya, pero no alcanza los resultados que sus padres, obreros, esperan de él-; Alexander -el meditabundo que no entiende la nueva relación de pareja que tiene su madre divorciada, hacendosa y con 2 hijos más -; Raúl -que sufre por sus orejas grandes que los progenitores consideran innecesario operar-; y Damián y Daniel -de origen asiático, que quedan al amparo de sus viejecitos abuelos maternos tras la muerte de la madre que, antes de desaparecer, pide al maestro se ocupe de sus hijos-. La obra combina el estilo realista y objetivo del documental testimonial, con puestas en escena de ficciones musicales inspiradas en lo fantástico e inusual -lo cual era novedad en la imagen documental del país que por entonces distribuía el ICAIC-. El fotógrafo -Raúl Pérez-, obtendría el premio al mejor trabajo de su especialidad en el Festival de Cine de la UNEAC del siguiente año, cuando "la semilla" comenzó a crecer y crecer para convertirse en lo que contaré en la crónica sobre 1985.






En septiembre de 1984, disfruté por primera en años de vacaciones en la playa -Bacuranao-, gracias a un plan del sindicato para distribuir estímulos entre los trabajadores. Fue semana que nunca olvidarán mi madre, mi hija mayor, la mayor de mi compañera y la pequeña Laura. Al regreso del descanso, con energías renovadas, comencé a soñar con mi primer largo de ficción basado en la historia del profesor, sus incorregibles educandos y la matemática convertida en música. Pero paralelamente, seguí aferrado a la realidad de las noticias que, en octubre, 19 días antes de cumplir los 67 años, anunciaban el asesinato de Indira Gandhi a quien, a pesar de la distancia con que solía y suelo observar a los líderes políticos del planeta, me producía un sentimiento de agrado saber que intentaba gobernar al segundo país más poblado del mundo donde cientos de millones de personas intentaban ponerse de acuerdo hablando en 100 lenguas distintas. Extraña cultura.




La Ley No. 48, de 27 de diciembre de 1984, Ley General de la Vivienda, autorizó la transferencia de la propiedad a los usufructuarios onerosos y ocupantes legítimos de sus viviendas -nosotros, yo, Laura y su madre, lo éramos de la vivienda que habitábamos en 26- , y la entrega en propiedad de las viviendas que en lo sucesivo se asignaren por el Estado para esos fines, y legalizó situaciones de hecho en la ocupación de la vivienda que hasta entonces no habían tenido solución jurídica. Este proceso convirtió en propietarios a más de setecientas cincuenta mil familias. La mía fue una de ellas tras firmar yo un contrato de compra y pagar el valor en que fue tasado el espacio que nosotros, con esfuerzo y recursos personales, convertimos en vivienda. El Albergue del ICAIC pasó a manos de los 10 núcleos de familia -algunos de un solo miembro- que allí habitábamos. Todo en mi vida parecía que comenzaba a mejorar. Pero El Azar y La Causalidad Mundial preparaban ya su siguiente jugada que, sin saberlo, afectarían el futuro de mi Pequeña Nación. El 11 de marzo de 1985, con la elección de Mijail Gorbachov, secretario general del PCUS, comenzaría la perestroika en la URSS. En ese momento yo escribía el guión para un filme que nunca hice: La Semilla Escondida. Era El Comienzo.

LB

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lunes, 21 de abril de 2008

1983: un cuarto de siglo después.



2 horas y 32 minutos después que Indira Gandhi tomo posesión de la Presidencia del Movimiento de Países No Alineados, e inauguró su VII Cumbre el 7 de marzo de 1983 en Nueva Delhi, a 13,855 kilómetros de allí, en el Hospital Sagrado Corazón de la Ciudad de la Habana, salió del vientre de su madre -Luz Elaine-, mi segunda hija: Laura María Buría Santos. Cuba aún vivía el día anterior, 6 de marzo (según el Tiempo Universal Coordinado que asigna franjas horarias a cada uno de los espacios en que divide el planeta, con lo cual se sabe día y hora del lugar donde está otro humano con quien queramos comunicar, sea por teléfono fijo, móvil, o otro canal de las nuevas tecnologías de contacto que facilita Internet gracias, entre otras cosas, a más de 9,000 satélites artificiales que orbitan nuestra casa en el Cosmos). Eran las 10 y 32 minutos de la noche y fui padre por segunda vez.



2 semanas después de nacer Laura, ocurrieron dos fenómenos naturales atípicos en la zona occidental de La Isla. Varios tornados atravesaron la provincia de Pinar del Río y un Mar de Leva (aumento excesivo de la altura de las olas producto de la fricción entre superficie del mar y viento), desbordó la costa e inundó parte de la zona habanera del Vedado. A Julio García Espinosa -nuevo presidente del ICAIC en sustitución de Guevara, nombrado Embajador de Cuba ante Unesco-, le impresionó el Noticiero 1118, que realicé sobre ambos azotes climáticos. Pero le parecía innecesario un comentario del narrador que escribí para la secuencia de la inundación en la capital: "Resultaba curioso observar el clima de tranquilidad y confianza que se veía entre la población, que parecía conocer ya que en esos momentos la dirección del Partido y el Poder Popular estudiaban las más rápidas soluciones y facilidades que se darían a las familias dagnificadas para restablecerles bienes y equipos." Julio no explicó porqué lo dicho "sobraba", pero yo supuse, aunque no lo dije, que era por la misma razón por la cual yo lo agregue. Enfatizaba lo que la imagen revelaba: el carácter festivo de los cubanos ante algo que era, realmente, trágico



El cambio en la dirección del organismo, no modificó esencialmente su política cultural, pero trajo sistema de trabajo más descentralizados. La "gente del ICAIC" se preguntaba si la salida de Alfredo la provocó el impacto que tuvo la película de Solás, Cecilia -él la defendió a capa y espada-,que absorbió demasiados recursos de la industria en detrimento de la calidad de otras producciones y su cantidad; o si fue la resistencia del ex-presidente a someterse a tutela de organismo superior -Ministerio de Cultura-, y/o negarse a seguir la línea trazada para "los medios" por el Departamento Ideológico del Partido. La opinión de "los creadores" difería en cuanto a sí "el cambio" sería bueno o malo para el ambiente de libertad creativa que disfrutaba "la Torre de Cristal" -así decían al ICAIC quienes lo evaluaban desde afuera -, pues ahora quedaba bajo dirección del ministro del Mincult -Armando Hart-. Alfredo Guevara -como parte de su equipo de trabajo en París-, llevo a dos de sus delfines más cercanos: José Antonio Gonzáles y Manuel Pereira, ambos jóvenes -relativamente, como yo-. El primero era excelente y carismático publicista a cargo del programa Historia del Cine en la televisión; el segundo, escritor "de talento" -al decir de la intelectualidad insular- tras publicar sus dos primeras novelas: El Capitán Veneno y El Ruso. A ambos, les acompañó en la misión, como esposa - verdaderamente joven pues nació en 1959-, y que después seguiría la profesión de su ex-marido, sobrepujándole con creces en cuanto a fama y venta de libros, pero ya como disidente en exilio: Zoé Valdés.

En abril, se me ocurrió repetir "la fórmula de Tiburón", pero con noticia sobre una obra que atrajo mucho público al Teatro Musical de La Habana: La verdadera historia de Pedro Navajas, del autor puertorriqueño Pablo Cabrera, que transformó la conocida canción del salsero panameño Rubén Blades en pieza para dos actos cuya puesta escena dirigió Jesús Gregorio. El tema central de la obra, la relación macho/hembra en el mundo marginal, la explotación de ella por él, los celos y la violencia, eran disfrutados enormemente por espectadores que salían tarareando estribillos, sobre todo el más pegajoso: "...la vida te da sorpresa, sorpresas te da la vida, ay Dios ...", primera estrofa de los tres versos finales de la canción:

...Pedro Navajas matón de esquina
quien a hierro mata, a hierro termina...

Valiente pescador, al anzuelo que tiraste,
en vez de una sardina, un tiburón enganchaste....

Como decía mi abuelita, el que último ríe, se ríe mejor...


Cuando Laura cumplió 46 días, partí de viaje para alcanzar la antípoda del lugar del planeta donde residíamos. Norberto Estrabao -director de la Empresa Productora en sustitución de Riquenes, que pasó a "nivel superior" en el ministerio-, Gloria María Cossío -asistente de dirección-, y yo fuimos la delegación que envió el Cine Cubano al Festival de Cine Nacional de Viet Nan. Tras casi 12 horas de viaje, hicimos escala de 48 en Moscú y paseamos la Plaza Roja con su cola para visitar al "líder embalsamado", murallas del Kremlin y 8 cúpulas de la catedral ortodoxa de San Basilio. Pero no pudimos "hacer compras" en los Almacenes Gum porque la dieta de bolsillo sólo alcanzaba para la obligada infusión pues aunque era finales de abril el frío obligaba aún a mantener caliente el cuerpo.



Saltamos hasta Asia en enorme nave de Aeroflot que hacia aún trayectos de prueba pues no estaba aprobado para sobrevolar el mar. Su espacio para más de 300 lo ocupamos 6 pasajeros, entre los que estaba una artista tahilandeza que me regaló una dulce canción en tai, dejándome en estado de calma para resistir las 8 horas que pasamos juntos tras despegar de la capital de Usbekistán -Taskent-, donde habíamos hecho parada técnica no sé porque razón, pero que nos permitió admirar sus singulares edificios y esculturas, además de respirar el peculiar olor a carnero que impregnaba su atmósfera musulmana.


Alcanzar Hanoi, desde la siguiente escala en la India -Nueva Delhi-, fue rápido: 4 horas. Y tras dormir una noche en la heroica ciudad que parecía, todavía, bombardea el día antes, nos levantamos a las 5 de la madrugada para recorrer en coche los 1143 kilómetros que nos separaban de Saigón, a quien llamaban ya Ciudad Ho Chi Minh. A esa hora, mientras desde mi ventanilla miraba a los campesinos vietnamitas moverse inquietos por arrozales inundados de agua -buscando a cuanto bicho vivo pudieran capturar para desayunar, como nos explicó el traductor-, su madre estaría dando a Laura la toma de leche de las 3 de la tarde del día anterior, pues nosotros atravesábamos puentes de hierro, vados y ríos de un tiempo que ocurriría para ellas 14 horas después -diferencia horaria entre ambos países-.


Cuando el murmullo de lenguas que te rodea en Occidente cambia por el de las tonales asiáticas y ves que los ojos que te miran tienen otra geometría, descubres que "el raro eres tú". No entiendes nada de lo que se conversa a tu alrededor y cuando intentas descubrirlo en las caras, solamente una expresión te es afín: la sonrisa. Gracias a Hue, nuestro joven "Lazarillo guía traductor", fue que pudimos orientarnos en los laberintos de signos y señales -incomprensibles para nuestro código caribeño-, que indicaban donde estaba cada lugar y/o cosa en aquella ciudad atiborrada de bicicletas y motos. Pero nunca logré comprender la dolorosa risa intensa -casi histérica- de Hue mientras traducía para nosotros, en la semi oscuridad del cine, lo que contaba un documental -mostraba mujeres, hombres y niños deformes y/o mutilados- sobre los efectos que produjo el "agente químico naranja" utilizado por el último enemigo que tuvieron que enfrentar para obtener su independencia tras siglos de colonialismo. Tampoco entendí porque un monje budista, tras acceder a posar junto a nosotros en una foto -el rollo se veló-, en la visita que hicimos a Vung Tau para ver templos y las enormes olas del Pacífico que acaricia sus playas, después extendió la mano con la palma abierta como exigiendo, respetuosamente, propina por "su trabajo". La foto con el tigre, fue después.





Recordando el clima del sur de Viet Nan, mientras filmaba los carnavales de Santiago de Cuba -asociados a la fecha más importante conque se vincula y celebra La Revolución desde 1959 por lo sucedido allí en 1953-, me di cuenta que eran muy semejantes: húmedos y calurosos. Propuse a Santiago Álvarez hacer un documental -Biografía de un Carnaval-, aprovechando la cita obligada a que acudíamos allí por el 30 Aniversario del Asalto al Cuartel Moncada. Accedió, pero dijo que lo haríamos en co-dirección. Para mi era "un honor" ver mi nombre junto al suyo firmando la autoría de una obra, de la que tuve que ocuparme casi exclusivamente yo porque a él no le alcanzaba el tiempo para todo el trabajo que tenía, entre ellos su primer filme de ficción -y único-, Los refugiados de la Cueva del Muerto, y otro de sus grandes documentales épicos sobre la lucha revolucionaria en América y el mundo: Las campanas también pueden doblar mañana. En su discurso público número 24 para recordar la fecha, Fidel hizo énfasis en la necesidad de fortalecer la capacidad defensiva de Cuba frente a la amenaza norteamericana. Por eso dedicamos el Noticiero 1141, que hice en septiembre y fue edición especial de 20 minutos, a "la guerra de todo el pueblo", ilustrada con el ejercicio de una operación combinada de milicias y fuerzas armadas que se llamó: Bastión 83. Fue tan real y tan bueno el montaje de imagen y sonido, que algunas personas preguntaban: "...¿pero es la guerra de verdad o no?..."

La "de verdad" ocurrió a finales del mes siguiente. Y aunque no fue en Cuba, cubanos fueron protagonistas en ella y su pueblo entero, dentro de La Isla, la sintió como propia. A las 5:00 a.m. del 25 de octubre, comenzó la Operación Furia Urgente, la más grande e importante realizada por el ejército norteamericano desde que finalizó la Guerra de Viet Nan con el Acuerdo de Paz de París en 1973. La 82 División Helitransportada Reforzada, apoyada simbólicamente por otros países del Caribe oriental, desembarcaron en la minúscula Granada -sus 344 kilómetros cuadrados caben 2 veces en la provincia Ciudad de La Habana-. Y en pocas horas, los 1.200 iniciales pasaron a ser 7.000 soldados. 7 meses antes, cuando Maurice Bishop (líder del Movimiento New Jewel) derrocó a Eric Gairy y asumió el poder en el pequeño paraíso, el gobierno cubano le apoyó en su plan de desarrollo económico, ofreciendo colaborar en la creación de un nuevo aeropuerto. A estos efectos, más de 700 cubanos llegaron al país vecino para construirlo. Esto no gustó a Jamaica, Barbados y otros estados de la zona -también paraísos turísticos-, que encontraron razones para considerar la obra como peligro potencial de expansión militar castrista, dado el rumbo político tomado por el partido "Nueva Joya". Y temiendo, quizá, que la pista para despegue de aviones, se transformara en trampolín para agredirles, pidieron la ocupación de la islita cuando 6 días antes del desembarco -19 de octubre-, la situación interna de la misma se descontroló pues el viceprimer ministro - Bernard Coard-, respaldado por sus partidarios, ejecutó a su amigo Bishop en Fort Rupert. Este suceso, sumó -a las anteriores-, "la necesidad de poner a salvo a sus nacionales y familias residentes allí", que usó Estados Unidos para emprender la invasión.





Enterado (pues en política, economía y guerra, toda se sabe antes de que ocurra), un coronel de las FAR -Fuerzas Armadas Cubanas-, fue enviado a Granada cuando los barcos de Furia Urgente estaban aún en camino hacia su destino. Pedro Tortoló Comas ("de la extirpe de Antonio Maceo" -el más famoso y arrojado de los generales de la contienda de 1898 que libró a Cuba del coloniaje español-), tenía órdenes precisas y estrictas de Fidel: entregar fusiles a los trabajadores civiles cubanos y organizar la resistencia armada para impedir que los gringos tomaran el aeropuerto. Nadie debía rendirse y debían luchar hasta la victoria o la muerte del último combatiente. Con esta información -en voz directa directa del Comandante en Jefe-, y con entrevistas directas y rápidas, hechas al azar en la calle, para recoger opiniones sobre qué pensaban los cubanos de un desenlace que nos conmovió a todos -divulgado por la radio al mediodía del martes 26- de que "el contingente cubano resistió hasta la muerte del último de sus hombres y se inmoló abrazado a la bandera" de la estrella solitaria, realicé el Noticiero 1149.



Los sucesos ocurrieron con tal celeridad entre el lunes y martes -terminamos la edición casi al amanecer del miércoles-, sin que el gobierno cubano tuviera información directa de lo que sucedió -, que cuando obtuvo la real y comenzó a explicar lo que pasó -el 27-, ya no hubo tiempo de detener la distribución del noticiero en los cines a partir del jueves 28, cuando ya sabíamos que no todos había muerto, ni siquiera la mayoría y nos enteramos que 699 de ellos volverían vivos a la patria -59 de ellos heridos-, y que la cifra verdadera de muertos era de 25.


Y fueron llegando y se les alojó en 2 hoteles nuevos construidos en Miramar -Tritón y Neptuno-, donde seguí filmando para dar continuidad a la noticia que, ahora, concentraba su mayor expectación en el regreso de Tortoló, que había logrado replegarse y escapar con un grupo de 42 para ponerse a salvo en la Embajada Soviética en Saint George -la capital-. Su regreso -como el del resto- fue trasmitido por el principal canal de la televisión y la astucia de la audiencia detectó, inmediatamente, en los tenis blancos que traía puestos Tortoló, una señal de que "el deporte de correr" había formado parte de la lucha. Entonces dije a los dos camarógrafos que me acompañaban y al sonidista -Iván, Dervis y no recuerdo quien portaba el micrófono-, que estuvieran atentos a mi señal porque quería hacer una pregunta a Tortoló cuando apareciera en el vestíbulo del hotel para saludar a sus compañeros de batalla. El clima allí era tan caótico y delirante -sollozos de mujeres y madres encontrando esposos, hijos y/o hermanos, compañeros del mismo contingente del aeropuerto abrazándose anegados en lágrimas pues no sabían que había pasado al otro-, que cuando vi al "héroe" bajar por una escalera. Y di orden al equipo para abrirnos pasos entre la cordillera de sentimientos y emociones y tomar por sorpresa a nuestro objetivo. Fuimos tan eficientes, que la seguridad que custodiaba al coronel no llegó a tiempo para impedir que yo le preguntara -rodando cámara y moviéndose cinta de la grabadora-: "¿Cuál fue el momento más difícil del combate para ti?" Y vi como desaparecía de su rostro la sonrisa mientras le invadían los signos y señales de la derrota dolorosa y triste, antes de decir: "Cuando tuve que ordenar retirada". Y entonces llegaron los miembros de la seguridad que le cuidaban y, cortésmente, dijeron:
"No se puede entrevistar al compañero, es la orden que tenemos, disculpen."


En algún estante del archivo fílmico, estará esa toma entre los "descartes del noticiero". Ni siquiera pregunté a Santiago -sólo se lo mostré- si podía utilizar esa "exclusiva" en la próxima edición. Pero a partir de este momento, comencé a preguntarme -con más énfasis que antes- ¿porqué era tan primitiva y torpe -no manipuladora pues todas lo son pues sin ella no habría comunicación-, la política de información implantada en el país por el Partido. Aún hoy, un cuarto de siglo después y muy lejos de aquel zoológico de 26 al que llevé a Laura, sus hermanas, su madre y la mía, para que viera y conociera, a fines de aquel año, los animales que hay en muchas partes del mundo, sigo sin tener respuesta definitiva para esa pregunta, que parece sencilla y fácil de responder, pero no lo es. Al menos en mi opinión.






LB

jueves, 20 de marzo de 2008

Nuevo mundo



El 1 febrero de 1982 -2 días antes de mi cumpleaños-, vi la película Stalker -en ruso quiere decir, El Guía-. Era del director Andrei Tarkovsky, del que me gustó mucho su filme Andrei Rubliov, pero también me atrajo Soliaris -que algunos consideran "la respuesta soviética" a 2001:Odisea del Espacio de Stanley Kubrick, opinión que me parece una tontería!, pues ambas tratan sobre como veía esos cineastas el futuro humano y eran sólo versiones de su imaginación como artistas-. Lo que cuenta es "la obra como propuesta y anteojos para intentar entender lo que nos pasa y/o lo que nos espera". ¡Casi nunca acertamos!. Pero ese "juego" ha servido para que la Humanidad avance en la comprensión de lo que es ella misma en si.


Volviendo a "El Guía", en cierto momento de la película (hacia el fin de la entrada de los personajes en "Zona" -el oficio del Stalker es facilitarles a forasteros curiosos la entrada en esa región enigmática donde se cree que descendió una nave extraterrestre y por lo cual permanece sometida a estricta custodia policial, que El Guía sabe cómo evadir-), la lujuria me invadió y esa noche hice el amor con mi compañera con mucha pasión. Creo que la banda sonora del filme me impulsó un poco a ello, es muy sensual. La película era una de esas películas herméticas donde no se distingue claramente el tema del conflicto. Sin embargo sentí cierta curiosidad por observar y oír lo que ocurría. A veces el tedio me atacaba un poco, pero al rato volvía a recuperar la atención, sobre todo cuando los personajes hablaban y discutían sobre "cosas" que yo desconocía, pero tenía la sensación de que se estaban refiriéndose a mi también. Era algo raro. El diálogo final de la mujer del Stalker -el protagonista- con él, me pareció excelente. Conversaban sobre un concepto de lo que era la humanidad que me resultaba inquietante -me recordaba a la asombrosa Gelsomina de la película La Strada de Federico Fellini-. Y el plano final de la niña -hija de El Guía-, sobre todo cuando recordé el comienzo del filme, en que unas copas se desplaza sobre la superficie de una mesa sin que nadie ni nada visible la impulse, aunque se escuchan las vibraciones que trasmite un tren que no vemos, es de una elaboración cinematográfica sorprendente por su poder de sugerencia de los vínculos entre El Misterio y Lo Material. El espectador nunca sabe -a menos que sea "empedernido materialista"-, qué mueve a aquellos vasos -tres-, como si fuese una alusión al núcleo familiar tan singular que componen el Stalker, su esposa y su hija baldada. Jamás sabremos si fueron los recónditos poderes del ser humano, sugeridos por la mirada de la pequeña criatura femenina que observa fascinada los recipientes, o los imperceptibles sonidos de la locomotora y vagones arrastrándose por las líneas del ferrocaril. Todo esto me provocó una idea: No es saludable tener atrofiado el órgano de la credulidad y la fe.




Entre febrero y marzo preparé y filmé Nuevo Mundo. La idea había nacido durante mi temporada de trabajo en Moa para la película Polvo Rojo. Interesándome por esta zona del país -tierras vírgenes como les decían-, tuve noticias de un alemán - Guillermo Bender-, que había llegado a Cuba a principios de los 60 y había conocido a Ernesto Guevara de la Serna cuando era Ministro de Industrias. Bender, que solía jugar ajedrez con El Che -al menos eso me dijo-, le propuso construir una central de producción de energía eléctrica a partir de las mareas. Y le dijo que podría ser en aquella región de Cuba – Moa- porque tenía información del gran potencial mineral que había allí, sobre el cual, también, hizo proposiciones para construir una megapolis del níquel. Guillermo tuvo la gentileza no sólo de mostrarme los planos sino también de contarme la historia de su vida. Había nacido en Mannheim (en alemán "casa del hombre") donde sufrió las vicisitudes de la Primera Guerra Mundial tras la cual decidió emigrar a Sudamérica a buscar fortuna. La saga de su vida parecía una historia idónea para intentar contar la del Siglo XX. Así se lo hice saber a Fraga para que autorizara realizar el proyecto y me dejara disponer de todo el "material de archivo" -muy caro para una obra de cine- para ilustrar el documental. Hice un trabajo inmenso de búsqueda de imágenes históricas en el "reino de Eliana Gorostiaga" -la empleada del archivo fílmico que mejor conocía los secretos y manejos de ese departamento-. Y seleccioné una cantidad de metros de película suficientes para hacer un filme de una hora. Pero al final, utilicé sólo un 1 % de ese material pues el proyecto, según "los maestros" (ya se habían creado los "grupos de trabajo artístico", con sus respectivos líderes, Titón, Solás, Manolo Pérez, y aunque yo y otros no pertenecíamos a ninguno, debíamos atenernos a su "aprobación" pues esta nueva organización del trabajo buscaba optimizar el uso de los recursos de la industria).


Aún no pude realizar mi proyecto original tal y como lo concebí, no la pase tan mal como Tarkovsky (todos los negativos de Stalker se perdieron en un fuego y tuvo que re-filmar la obra totalmente de nuevo, con un presupuesto mucho más reducido por supuesto). Yo me pude dar un lujo -para la escala económica del país donde yo trabajaba-, pues pedí a la empresa a cargo de las inversiones millonarias de la nueva planta de níquel que me fabricaran una jaula de seguridad con un hueco en el piso para hacer un plano que Raúl Pérez Ureta -el fotógrafo- decía que era imposible de lograr cuando se lo conté. Yo quería que la cámara empezara a rodar sobre la imagen de 3 pequeñas mitades de cocos que los niños de la zona le agregaban -como velamen- una hoja de uva caleta insertada por un delgado vástago que fijaban a la "nave imaginaria" que ellos lanzaban a navegar en la orilla de la playa. Para mi, esos 3 “barcos”, eran los de Cristobal Colón.






Con la lente de la cámara fijada al orificio del fondo de la jaula, nosotros iríamos ascendiendo desde el pequeño mar de agua acumulada en uno de los cimientos sobre los que se levantarían las futuras estructuras metálicas -un socavón de 4 metros de profundidad donde colocamos las “tres carabelas”-, hasta completar el viaje que nos alzaría hasta el punto más alto donde podía llevarnos el brazo de la grúa que sostenía nuestro pequeña jaula de 2,000.00 dólares (fue lo que costó construirla, según dijo el ingeniero que se ocupo de hacerla). La segunda parte del plano, comenzaba en un grupo de soldadores trabajando en una de las toberas de la futura fábrica. La filmación -registrada como un solo plano secuencia-, es, probablemente, la puesta en escena más larga filmada por el cine documental cubano -la escena final dura 128 segundos donde vamos descubriendo el esqueleto que sostendrá el cuerpo futuro de toda la zona-. Usamos un carrete completo de 400 pies de película. Y logramos una imagen final donde se podía contemplar la inmensidad del territorio que estaba siendo transformado en lo que yo imaginé sería la Moa del año 2000. Y, a diferencia de Kubrick y Tarkovsky, aunque con pretensiones más modestas, no me equivoqué. El níquel cubano desplazó al turismo, como primera fuente de ingresos del país el pasado año 2007. Claro, eso puede ser un vaiven del mercado globalizado y si algunas cosas cambiaran en La Isla y en el resto del mundo, el turismo podría volver a recuperar su corona o perderla para siempre.








A pesar de mi fracaso-éxito con Nuevo Mundo, seguí interesado en hacer noticieros. Y días después de regresar de la zona oriental al occidente habanero, me hice a la mar para realizar un noticiero, el No. 1066, que pasó a ser conocido como "Tiburón". Las canciones de Rubén Blades sonaban mucho por entonces. Y se me ocurrió utilizar la letra de una de sus interpretaciones para "organizar el montaje de noticias". Coordiné hacer un reportaje en la Flota de Pesca del Golfo y Angelito -uno de operadores de cámara que trabajaba ocasionalmente en el noticiero me dijo: "...yo me monto en uno de esos lambda -los nuevos barcos que usaban los pescadores cubanos que faenaban en el Golfo de México- y te filmo lo que quieras ...no le tengo miedo al mar..." Y Delvaty -uno de los productores-, agregó: "...y yo me voy contigo porque me gusta el buceo y sé nadar..."


El texto de la canción decía:


Ruge la mar embravecida,
rompe la ola desde el horizonte
brilla el verde azul del gran Caribe
con la majestad que el sol inspira...

Coro:

Este es el guerrero va pasando
recorriendo el reino que domina
pobre del que caiga prisionero
hoy no habrá perdón para su vida.

Es el tiburón que va buscando
es el tiburón que nunca duerme
es el tiburón que va acechandoes
el tiburón de mala suerte.


Alternando aquellos versos con la voz del narrador, que precisaba datos de las noticias específicas que se trataban, hicimos el montaje Julia Yip - la editora-, Elaine Santos -su asistente- y yo. Las "news" eran:


- Gabriel García Marques, en el Foro del Comité Permanente de Intelectuales por la soberanía de nuestra América, repudió una posible invasión a Nicaragua en apoyo a la Revolución Sandinista.


- En los tradicionales Sábado del Libro, que se hacen en plena calle Obispo de la Habana Vieja, se lanza Crónica de una muerte anunciada -con la presencia del autor, el mismo Marques-, que habla de Colombia y de la Guerrilla diciendo que "el gobierno ha perdido el control de los factores del poder" y han surgido grupos paramilitares" ... que le han amenazado de muerte a él...






- Maniobras Paso seguro 82. Ejercicio de coordinación de fuerzas de la OTAM con los medios norteamericanos en el Mar Caribe, donde, por supuesto, eran protagonistas políticos, Ronald Reagan -presidente de USA- y Alexander Haig -Secretario de Estado-.





- La siguiente noticia tenía su antecedente en 1981, en los preparativos de la Operación Navidad Roja, neutralizada por los sandinistas que capturan a dos contrarrevolucionarios - Willian Baltoano Herrera y Juan Zequiera Girón-. Y se mostraban los campamentos de entrenamiento que utilizaron en Honduras contrastando esas imágenes con declaraciones de trabajadores nicaragüenses apoyando el gobierno sandinistas.



- Pero la noticia que gobernaba el interés del noticiero -visual y expresivamente-, era que el 18 de marzo de este año, el mismo día que terminaron las maniobras Paso Seguro 82, se recreaba con imágenes y entrevistas “in situ” el trabajo de captura de los pescadores en medio del Golfo de México, y los detalles de la técnica del palangre que utilizaban los 700 trabajadores que laboraban 26 días continuos en el mar sin pisar tierra.





Quien no haya estado alguna vez sobre alguno de los pequeños botes de 1x2 metros de ancho donde una pareja de asalariados se aleja kilómetros y kilómetros de la nave madre, hasta un lugar donde la pierde de vista -lo cual nos pasó a Angelito y a mi-, no sabrá nunca lo que es experimentar la sensación de estar en un lugar donde nadie te puede ayudar a saber dónde debes dirigirte. Es una experiencia que me enfrentó al miedo terrible y brutal que provoca ignorar.

En abril, concebimos a Laura Buría Santos -que nació el 6 de marzo de 1983. Y en julio, comenzamos a rediseñar el espacio del albergue de 26, donde vivíamos los provisionales sin casa. Ya en este tiempo y conociendo que pronto entraría en vigencia una modificación a la Ley de Reforma Urbana que nos daría derecho a quedar residiendo allí como "inquilinos onerosos" - al igual que a todos lo que disfrutaban de las casas de tránsito que las empresas poseían para sus trabajadores sin vivienda-, decidimos - los 12 que habitábamos 26- distribuir los espacios del albergue entre nosotros, siguiendo un "principio de expansión natural", que considerara las necesidades de cada uno y los límites arquitectónicos de la propia casa para no convertirla en un engendro de diseño y mantener la belleza y armonía original de la que en un tiempo pasado fue mansión propiedad del Fiscal General del Ejército de la República de Cuba. A mi me tocó la habitación aledaña a la mía -Isaac Ramírez, mi vecino se había ido a vivir a casa de la mujer con quien se casó- y parte del portal. Con este espacio, levantando paredes y bloqueando ventanas miami de madera -sólo en la parte interior-, logramos obtener unos 64 metros de superficie habitable. Construimos un baño y cocina dentro y nos quedó, además de una pequeña sala y dos habitaciones, un pequeño rincón para colocar los ya casi 3000 libros que acumulaba en nuestra pequeña biblioteca.


En Noviembre murió Leonid Illich Breznev -Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética durante 22 años, a los que sumó el poder -en los últimos 5- de ser, además, Presidente de la desaparecida URRS. Y me tocó hacer el noticiero dedicado a él. Me pregunté: ¿cómo hago para que esta noticia sea interesante, amena, instructiva y no contribuya a divulgar la idea de que la concentración del poder es algo natural y característico del futuro del mundo que todos intentamos construir. Y resolví el problema de la siguiente manera. Conté la historia de la vida de ese "máximo líder" al revés. La estructura me la inspiró un cuento de Alejo Carpentier: Viaje a la semilla. El noticiero comenzaba con su entierro y terminaba con el tiempo cuando era solo un joven buscando trabajo para sobrevivir. A Fraga le encantó tanto la idea que se paso toda la noche con nosotros en el cuarto de edición "ayudándonos" a no cometer errores al realizar una idea tan bella.


Por estos meses, Andrei Tarkovsky, estaba preparando su próximo filme: Nostalgia (1983), que filmó en Italia. Fue el último que realizó bajo la estricta vigilancia de la Unión Soviética. Poco después emigró a Suecia, cansado de tanta tutela y maniobras criticas contra su obra. Tenía entonces 51 años. Y yo 36.




LB


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lunes, 10 de marzo de 2008

Tierras vírgenes y rojas.

El Noticiero ICAIC aumentó mi conocimiento del país, dirigentes y estructura de gobierno. Me hice habitual del cuerpo de seguridad que protegía al máximo líder y otros cargos del poder. Eso me gustaba. Adquirí visión objetiva de profesiones que conocía sólo por películas, siempre exageradas por las fantasías con que suelen vestirles no solo el cine de ficción sino también las “artes” de los medios en general. La "seguridad cubana" me pareció amable y educada, aunque desconfiada y exigente como era natural a la responsabilidad que se le exige. Verme "aceptado y limpio" para participar como "prensa" en actos y ceremonias, hizo sentirme "importante y especial", con el mismo nivel de los que solían participar en "eventos tan importantes" desde posiciones preferentes. Compartir "revisión de la técnica" con periodistas -nacionales y/o extranjeros-, magos de la imagen como Korda, Liborio, Corrales, Salas, y/o cronistas como Marta Rojas, Susana Lee, Arnaldo Coro, o jóvenes talentos como Soledad Cruz, Rolando Pérez Betancourt, etc., me fue entrenando en la jerga sutil del "slang ideológico de los canales informativos cubanos". A partir de esta época, comencé a entender mejor la compleja relación de que los mass medias "dicen que sucede " y "cómo sucede realmente". Entre "Hechos y Reflejos"", entre "Información y Conocimiento", entre "Revolución y Lenguaje".


Pronto cumpliría 35 años, edad límite para militar en la Unión de Jóvenes Comunistas. El paso siguiente era decidir si deseaba ser procesado para ingresar a las filas del Partido o no. Respondí sí. Y como establecía el procedimiento, Se designó un dúo de militantes del PCC para confirmar o no mis méritos y cualidades para adquirir tal condición. La pareja que se encargo de mi expediente fueron Julio Simoneau y María Elena Molinet -fotógrafo y diseñadora de vestuario respectivamente-. Ambos -en lo personal-, tenían prestigio de personas equilibradas y justas en sus opiniones. Me sentí cómodo con ellos cuando me entrevistaron para rellenar el famoso "cuéntame tu vida" -extenso cuestionario que escrutaba hasta el último rincón de la vida social, política, y personal del aspirante-. Respondí a todo con lujo de detalles y hasta el límites de transparencia que la memoria permite recordar. Todo lo que podía haber de verdad o falsedad en mis respuestas, fue investigado y comprobado. Hecho esto, sostuvimos una segunda entrevista para despejar dudas sobre mi consciencia revolucionaria pues había un suceso de mi vida que les planteaba dudas: "¿porqué bautizaste en la iglesia católica a tu hija en 1969? Expliqué -como la primera vez-, la lógica diáfana y concreta -creía yo- del porqué: Vivía entonces en un cuarto de 4 x 5 metros -yo, mi esposa, mi hija y mi madre, la propietaria-. Suegra y nuera, diariamente, discutían por el bautizo de la niña. Mi madre con argumentos de su fe católica y mi compañera con los de su fe atea. En mi opinión, era discusión "filosófica estúpida, pero constantes", que hacía insoportable la convivencia, agravada -sobre todo- por falta de condiciones mínimas de espacio, agua, vecinos intolerantes con pañales y sábanas aireados en un patio que no alcanzaba para todos, falta de alimentos adecuados para la criatura, cocina de luz brillante -combustible que comenzaba a escasear-, sin baño propio, etc. etc... ¿A cuál conclusión llegamos la madre y yo?. Pues sencillamente que podíamos restar al menos una de las causas de la guerra interna en casa, accediendo a ir un sábado en la tarde a la iglesia para que el cura vertiera un chorrito de agua sobre la cabeza de nuestra hija y moviera su dedo índice en el aire formando la cruz imaginaria que él creía documento de identidad para entrar en el Reino del Señor. Y lo hicimos, aceptando que ello engordaba las estadísticas de reclutados por la Santa Sede del Partido Vaticano, pero convencidos de que "la ostia" poco -o nada- influiría en la "ideología" futura de mi descendiente porque su educación espiritual y en otros muchísimos planos de la vida, estaría aún buen tiempo en nuestras manos de progenitores responsables. Y esto era lo único concreto y real. Así acabé con las discusiones inútiles. Y en algo -mínimo-, mejoró nuestra convivencia. La historia futura confirmó mi hipótesis: resultados y conducta de Lida en sus estudios, preparación para la vida y desarrollo de persona con capacidad para discernir con criterio propio, justo, útil y bueno, me han dado la razón.

"¿Y con la consciencia revolucionaria que tienes hoy, qué harías ante la misma situación", preguntó Molinet. Y respondí: "En condiciones semejantes, con problemas iguales -el agua aún no se ha resuelto-, haría lo mismo." Y Simoneau agregó: "Pero tú dices que ahora eres ateo". "Si, hasta que se demuestre lo contrario, pero la relación entre creencias religiosas y realidad material es muy complicada, sobre todo cuando pasa por relaciones interpersonales, vida material y exigencias del poder."

En la reunión final, el dúo ofreció sus conclusiones del proceso ante los miembros del núcleo. Tuve que aguantar la risa para no faltar el respeto a la solemnidad del acto. María Elena leyó una extensa e interminable lista de cualidades y méritos que yo había acumulado a lo largo de mi vida, alabó la eficiencia de mi trabajo, mi alto grado de responsabilidad en todas las tareas y terminó diciendo: " ...a pesar de todo esto, consideramos que Lázaro Buría Pérez no está apto para ingresar en las filas de nuestra organización..." La razón -no mencionada-, era evidente para mi: la terquedad en no aceptar que mi consciencia comunista debía estar por encima de las condiciones de la vida material y no reconocer el bautizo como error aún el presente. Pero hubo aplausos pues dejaban una puerta abierta para mi futura incorporación cuando superara mis debilidades. Me sentí como Charly Chaplin, pero sin sus cuentas bancarias y -justo es decirlo-, sin su talento.

Por aquellos días, vino al noticiero Jesús Díaz -era ya Secretario General del Núcleo del Partido, si mal no recuerdo-. Traía un paquete en la mano y dijo: "Esto es para ti." Lo abrí y encontré un pantalón levy strauss original -máxima elegancia del intelectual progre de entonces-. Salté de alegría. Me conmovió que se hubiera acordado de mi en su reciente viaje a Nicaragua donde filmó En tierras de Sandino, documental de LM de tres historias. Una de ellas, sobre una maestra cubana del contingente de educadores que ayudaría a la Revolución nicaragüense. Jesús no tuvo tiempo de elegirla antes de partir y me encargó buscar una y filmarla en Cuba antes de que ella viajara. Él la recibiría al pie del avión en el aeropuerto de Managua, identificándola con datos que yo le daría sobre quién era entre todas. Escogí al personaje que me pareció más idóneo para lo que él pretendía hacer y registré su imagen con un segundo equipo de filmación que estaba en Cuba. Pero no hubo manera de hacerle llegar la información de quién era "mi protagonista" pues las comunicaciónes no funcionaron, ni por teléfono, ni fax. Y el contingente partió. Milagrosamente -cuenta Jesús después-, que estando en el aeropuerto nicaragüense, le angustiaba ignorar a quién filmar de los que descendían por la escalerilla del avión. Sintió que había fallado su idea de montaje con el personaje "allá y aquí" y dejó decidir a su instinto. Cuando vio a una muchacha de "pelo largo y sonrisa radiante", dijo al camarógrafo, "filma y sigue a esa". Volví del baño del noticiero -me probé el pantalón de inmediato para ver como me quedaba-, y dijo: "...te la comiste, Buria -solía decir mi apellido sin el acento llano de la í-, en cuanto la vi, dije, ¡tiene que ser esa! ..." Y era, habíamos coincidido en eso que llaman "afinidades electivas" -al menos en esta ocasión-.


Moa Bay Mining Corporation


Jesús vino a verme también por otra razón. La más importante y delicada -para él-. Me pidió que le ayudara en la organización y rodaje de su primer largo metraje de ficción. Polvo Rojo. Sabía que lo que pedía significaba -en algún sentido- un paso atrás en mi carrera. Yo era ya director de documentales establecido y evaluado. Y mis época de "asistente" pertenecía al pasado. Pero acepté, por varias razones: una, le consideraba autor -escritor y cineasta- del que podría aprender; dos, era de mi barrio -La Víbora-, aunque de la zona de clase media -Santos Suárez- y no del Luyanó -proletariado- como yo; y tres, me entusiasmó participar en un filme que recrearía como ocurrió el cambio de la antigua república a la revolución en las tierras vírgenes de La Isla (así se consideraba la zona norte oriental donde se desarrollaba el proyecto de inversión más grande de aquel tiempo gracias al CAME -Consejo de Ayuda Mutua Económica-:1,000 millones de dólares para modernizar el proceso de extracción y procesamiento del níquel cubano). Jesús era partidario apasionado del debate y la confrontación de ideas. Su pedigrí político-literario acumulaba hechos que aún son leyenda en las controversias entre la Revolución Cubana e intelectuales incómodos (como el affaire de la revista Pensamiento Crítico, la polémica sobre la evolución del Caimán Barbudo -de la que fue uno de los fundadores- y otras escaramuzas de la "inteligencia vs el poder"). Y su libro de cuentos Los años duros -Premio Casa de las Américas 1966-, lo había definido como uno de los talentos literarios más prometedores de La Revolución.

Fotos de la primera visita para organizar la prefilmación

El primer benefició que obtuve de trabajar en el filme, fue participar -con voz y voto-, en el análisis dramatúrgico a que Jesús sometió el guión apoyado por María Elena Ortega, joven y exigente analista teatral, con la que ambos aprendimos a percibir el potencialidad de significaciones que tienen todas y casa una de las palabras que se intercambian en los diálogos de una obra. Cada sustantivo, cada verbo, cada adjetivo, cada preposición y/o complemento directo o indirecto -, es parte del “cuerpo de emociones y sentimientos" que anidan, compulsan y explican la confrontación de los conflictos en que están implicados los personajes. Con este examen "técnico", el guión adquirió tal consistencia y solidez de la que -en mi opinión-, carecían la mayoría de guiones de películas cubanas realizadas hasta entonces -¡salvo excepciones, como Memorias del Subdesarrollo -de Titón-, o Lucía -de Solas-. La sinopsis de Polvo Rojo -tal y como se resume el tema de una película para ser entendido rápidamente es: “Cuando la Revolución nacionaliza la planta procesadora de níquel de Moa, técnicos -extranjeros y del país- que trabajaban para los americanos abandonan el país. Pero un ingeniero cubano logra ponerla en marcha de nuevo.” La anécdota estaba inspirada en un hecho real, cuyo protagonista aún vivo entonces, se lo conocía como “Presillas”. Realizar filme de ficción en lugar tan distante de los centros de civilización del país, hacía difícil encontrar en esas "tierras vírgenes" colaboradores y extras que estuvieran en condiciones de ayudarnos realmente -¡disposición tenía!-. La suerte nos acompaño. Allí encontramos a José Oriol, joven estudiante del Instituto Superior de Arte de La Habana, purgando "ciertas faltas y/o errores" cometidos en incidentes "ideo-sexológicos" que nunca supe cuáles eran con claridad, dada su discreción a comentar sobre ellos. Oriol eligió aquel lugar -infernal para muchos-, para probar su disposición y lealtad a los principios de La Revolución. Y en aquel paraje fundó un proyecto teatral que bautizó Grupo Tierra Roja, con el que pretendía involucrar en actividades culturales a la heterogénea masa de "palestinos" -así llamaban a los que, llegados de todas partes del país buscando fortuna y buen salario en el mega proyecto minero cubano que aspiraba a cambiar la estructura económica de un país mono productor de azúcar, albergados en barracas donde subsistían como trabajadores contratados-.
Fotogramas de dos momentos del filme:
Llaurado y René de la Cruz José Antonio Rodriguez
La selección de actores me puso en contacto diario con los mejores de ellos considerados como tales en ese momento: Adolfo Llaurado, René de La Cruz, José Antonio Rodrigues, Tito Junco, Luis Alberto Ramírez -todos estrellas del cielo televisivo y cinematográfico nacional-. La elección más problemática que enfrentamos Jesús y yo -con argumentos contrapuestos-, fue decidir entre Susana Pérez y Cristina Obín -excelentes actrices ambas-. Pero el cine es cruel y sólo había espacio para una. Fue esta la primera ocasión en que descubrí el poder de convicción que podían llegar a tener mis argumentos. Pero también confirmé lo justa que era la alta estima en que yo tenía a Jesús por su capacidad de no dejar que el totalitarismo natural que acecha a quienes tienen el privilegio de estar en el poder lo sedujera. Aceptó mis razones -objetivas y útiles-, aunque no eran las mismas a las que llegó él cuando analizamos las pruebas de cámara de ambas actrices.

Polvo Rojo fue superproducción -desde el punto de vista económico y puesta en escena-. Raúl Rodríguez creó una fotografía directa, espontánea, pero muy cuidada y estudiada; Raúl García hizo milagros de grabaciones con el sonido directo y Justó Vega dotó al filme de un montaje y edición impecables, armonizados con la música de José María Vitier. Ricardo Ávila -con dos fieles productores que trabajaban 27 horas al día moviéndose en el incansable vehículo de Diosdado Navarro -el chófer-, propiciaron la logística imprescindible para organizar y controlar los días de filmación de las más desmesuradas escenas de masas -apoyadas por "palestinos" y pobladores de Moa convocados por Oriol-, y que el equipo de maquillistas de Magaly Pompa y las hacendosas vestuaristas de Violeta Cooper, transformaban en protagonistas de una historia sucedida 20 años antes.

De las escenas filmadas, la que más nos emocionó fue “la entrada de los rebeldes al pueblo -apoteosis que rememoraba “los primeros días del triunfo revolucionario”, y "el asalto de las masas a la Moa Bay Mining Corporation" -la planta de procesamiento de mineral de níquel más moderna del mundo en el momento en que fue construida, 1958, cuya tecnología era aún "más avanzada" que la que tendrían las "nuevas fábricas proyectadas por la inversión del "campo socialista"-. Con esta secuencia, Jesús quería hacer "homenaje a la famosa escena del asalto al Palacio de Invierno en la película Octubre -el clásico de Serguéi Eisenstein-, y encargó a Feliz Puente -el más viejo de los vecinos con quienes yo compartía el Albergue de 26- que diseñara una puerta con la suficiente semejanza, altura y presencia como para que los asaltantes cubanos la treparan y sustituyeran el "símbolo capitalista" que la coronaba con "la bandera Cubana" -como se ve en la foto-.


Tanto me fascino la experiencia de Polvo Rojo, el lugar y la amistad profunda y sólida que hice con José Oriol –me contaba las peripecias del mundo real que había tras el paisaje de aquellas "tierras vírgenes rojas", que me propuse hacer un documental para contar como yo veía la historia de ese "Nuevo Mundo" donde acompañé a Jesús. Me sentía como el Lázaro bíblico -único que visitó y volvió de ese lugar de donde aún nadie a regresado, al menos que yo conozca-.El 12 de junio de aquel año 1981, tras conversar con un nativo de aquellas tierras, escribí algo que puede ser poema o no -muchísimas palabras me molestaba en amontonar en aquella época, quizá con la intención de no olvidar cómo fui o como jugaba mi mente con ellas entonces. Dice así:

Yo soy Laureano Breffe;
llegué aquí por el año 30,
fui pescador, carbonero,
trabajé en el aserradero,
fui peón en la construcción,
al Triunfo miliciano
y después sereno en la planta.

Yo fui el que dijo a mi nieto
como llamaron a estas tierras
sus antiguos pobladores,
los que huyeron al monte
cuando vieron la nave española.

Así las nombraron:
LUGAR DONDE ENTIERRAN A LOS MUERTOS,
y debe ser verdad,
pues yo puedo dar fe de ello.

LB